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 Cómo organizar el trabajo cooperativo en el aula

Cómo organizar el trabajo cooperativo en el aula

Tomado de: https://albertogrados.org/

Suena muy bien el incluir actividades grupales, o de trabajo en equipo, o de aprendizaje cooperativo en el aula; incluso hoy contamos con herramientas digitales para hacer realidad esta intención en escenarios tan diversos como a distancia, semipresencial o híbrido.

Sin embargo, en ocasiones los maestros, o los líderes educativos, no consideran la real importancia de las habilidades de colaboración o cooperación en la vida futura de los estudiantes; lo menciono en el sentido de que se incluyen dentro de las actividades escolares; muchas veces se exige a los maestros hacerlo, pero, ¿saben todos cómo hacerlo?, ¿hay una propuesta institucional sobre cuáles son las habilidades colaborativas deseables en los estudiantes en cada nivel?, ¿la escuela cuenta con un plan de desarrollo de habilidades cooperativas, formal, con indicadores de logro?. Pues, en la mayoría de casos, la respuesta es simple: no.

Este es un problema sensible de innovación educativa. Para detectarlo, y detectar algunos otros, solo hace falta estar atentos a algunos marcos de referencia de habilidades deseables para los ciudadanos en el futuro como los elaborados por el Foro Económico Mundial (FEM), las Naciones Unidas (ONU) o la Unión Europea (UE); todos fácilmente extrapolables y tropicalizarles a la realidad de Latinoamérica, más aún considerando que vivimos en un mundo globalizado.

Es importante, diseñar los roles, distribuirlos y respetarlos. Si el maestro los olvida o no les da importancia, lo mismo harán los estudiantes.

Ahora, ¿qué condiciones debería tener un maestro, o un líder educativo, para diseñar un modelo de aprendizaje cooperativo institucional, y así gestionar y acompañar mejor el trabajo en equipo de los estudiantes? A continuación una propuesta que me ha funcionado muy bien en el aula, basada principalmente en los aportes dela maestro Pablo Díaz, en su libro “Aprendizaje Cooperativo”.

PASO 1: DISEÑO DE LOS GRUPOS

  • ¿Homógeneos o heterogéneos?: Dependerá de los objetivos de la actividad y se debe realizar según los parámetros o criterios establecidos (sexo, etnia, perfil de inteligencia, rendimiento académico, nivel de integración, actitud hacia la cooperación, destrezas cooperativas, nivel de disrupción, etc.).
  • ¿Cuántos miembros deben tener?: Cuanto más pequeño es el grupo, es más fácil hacerlo funcionar, ya que requiere de un nivel menor de destrezas de cooperación. En contraparte, mientras más pequeño es el grupo, habrá menor diversidad de capacidades, destrezas, opiniones, intereses, actitudes y ritmos. Evidentemente, cuando el grupo es más grande, la situación es exactamente la inversa. Desde mi experiencia, el número ideal es de 4; pudiendo completarse la clase con algún grupo de 3 o de 5 estudiantes, considerando lo mencionado líneas arriba.
  • ¿Cuánto tiempo deben trabajar juntos?: A menor tiempo, mayores posibilidades de interactuar con más compañeros al conformarse nuevos grupos a lo largo del año; por ende, se desarrolla más la tolerancia hacia quien piensa distinto, entre otras muchas habilidades relacionadas con las relaciones interpersonales. Por otro lado, los grupos que se mantienen más tiempo, ayudan a la estabilidad y eficacia de las dinámicas de trabajo; aumenta la cohesión del grupo y el sentido de identidad o pertenencia. En mi experiencia, ni mucho ni poco: un periodo es lo ideal (bimestre o trimestre).

PASO 2: DISTRIBUCIÓN DE LOS ALUMNOS

Es el momento en que empezamos a ejecutar el diseño:

  1. Decide el tamaño de los grupos.
  2. Distribuye a los alumnos más empáticos entre todos los grupos.
  3. Identifica a los estudiantes que necesitan más apoyo y distribúyelos de forma homogénea en los grupos.
  4. Si los grupos son de 4 estudiantes, identifica parejas para que trabajen en aquellas tareas medianamente exigentes, que no requieran de la participación de todo el grupo.
  5. Haz una revisión final de los agrupamientos procurando que los alumnos elegidos permitan que el trabajo fluya de forma correcta. No es malo reagrupar, si es necesario.

PASO 3: DISPOSICIÓN DEL ESPACIO

4 indicadores clave:

  • Proximidad: diseña la distribución de las carpetas (hay muchos modelos funcionales disponibles y dependen del contexto y recursos de cada institución educativa).
  • Movilidad: separa los grupos para que los movimientos sean fluidos.
  • Visibilidad: todos deben ser capaces de ver al maestro sin mucho esfuerzo.
  • Flexibilidad: no hay distribución perfecta, por ello hay que tener en cuenta posibles variante para casos específicos.

PASO 4: ESTABLECIMIENTO DE REGLAS

  • Enunciadas en positivo (conducta esperada)
  • Claras y concretas
  • Útiles y relevantes
  • Realistas y asequibles
  • Justas y comprensibles
  • Suficientes (pocas)
  • Comprobables

Un consejo útil es incluir a los alumnos en la elaboración de las reglas.

PASO 5: DISTRIBUCIÓN DE ROLES

  • Todos los integrantes deben tener un rol, una responsabilidad.
  • Los roles deben ser funcionales e interdependientes.
  • Los roles deben ser simples y claros.
  • Los roles deben ser consensuados entre los profesores.

Es importante, diseñar los roles, distribuirlos y respetarlos. Si el maestro los olvida o no les da importancia, lo mismo harán los estudiantes.

Espero que estos sencillos consejos les permitan mejorar la organización del trabajo cooperativo en el aula.

Aprender y compartir…

Alberto Grados

CEO EdTech Latam.

Magister en Tecnología Educativa por el Tecnológico de Monterrey. Profesor especialista en el uso pedagógico de la tecnología digital, metodologías activas y ciudadanía digital en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

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